¿Cómo me dijo que se llamaba esa música? No recuerdo a pesar de haberla oído durante tantos años. cada sábado por las tardes, aún ahora la escucho, no sé si vibra dentro de los oídos o en la profundidad de mis recuerdos. Antonio podía producir esas melodías en el piano. sus manos viajaban sobre las teclas, igual que si fueran parte del instrumento. Llega una reminiscencia que como una esfera de fuego arde en mi mente, fue la última vez que lo vi con vida. Las cosas no pasaron como en esas historias sentimentales que otros cuentan, él no me dijo nada en especial que predijera su muerte, ni descubrí en sus ojos reflejada una despedida, ni aquel día tenía un aspecto diferente. Todo era como siempre. Él se fue temprano y ya no regresó. Horas más tarde llegó Imelda y de mala manera me avisó del infarto. La mujer sacó lo poco que había en la casa y se lo llevó.
Imelda se decía la esposa de Antonio, sin embargo había desaparecido durante años, pero ese día se presentó en el velorio actuando el papel. Yo llevaba tiempo cerca de Antonio, sé que eso al final no es suficiente, pero no lo sabes, hasta que todo se acaba precipitadamente.
Ese día hacia frío, aunque no estaba segura si realmente helaba, o dentro de las pesadillas uno puede sentirse a punto de congelación. Quería preguntar, pero todos me miraban con una compasión insoportable. Imelda estaba cerca del ataúd, arrancando con rencor, los pétalos blancos de las rosas.
Ahora la luz huye detrás de los cerros, la sala oscureció. Ya no está el piano. Hoy en la mañana llegó un camión de mudanzas y se lo llevaron. Sólo quedó el espacio con una fina capa de polvo en el piso, como una huella gigante. Aún lo escucho y veo en la pantalla de un recuerdo las manos de mi Antonio. Ahora me acuerdo, la melodía era un vals, el vals del minuto de Chopin. Ése que dura unos cuantos segundos igual a lo que dura la vida.




